Cuando se produce un infarto de miocardio, la sangre deja de circular y nutrir correctamente las células del músculo cardíaco. El corazón pierde fuerza para latir a causa de la muerte de las células del área lesionada, que han dejado de recibir sangre desde las arterias coronarias.
Como consecuencia de la muerte celular, se genera una cicatriz permanente no contráctil, que afecta a la capacidad de latir del corazón. En los casos extremos, donde el mal es muy extenso, el paciente puede llegar a necesitar un trasplante de corazón. Sin embargo, es más frecuente que quede una cicatriz residual que dilata el corazón y hace que el paciente evolucione hacia insuficiencia cardíaca. Este hecho, según la gravedad, puede condicionar la capacidad para realizar actividades de la vida diaria, así como la calidad y la esperanza de vida.
Recuperar parte de la fuerza para bombear la sangre es uno de los objetivos que persigue el grupo de investigación ICREC (Insuficiencia Cardíaca y Regeneración Cardíaca) del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP).
Una de las aproximaciones para conseguirlo son las nuevas terapias basadas en la aplicación de células madre e ingeniería de tejidos para favorecer la regeneración de tejidos dañados. Uno de los retos ha sido encontrar la forma más óptima de introducir las células madre en la zona del infarto. Estudios previos habían demostrado que, en la administración directa mediante inyecciones dentro del mismo miocardio o por vía intravenosa, las células morían antes de poder promover beneficios o se dirigían inespecíficamente hacia otros órganos que no eran el corazón.
Por este motivo, los investigadores del Germans Trias han buscado la forma de incorporar las células dentro de una matriz de pericardio, actuando como vehículo, que permite aplicar las células que contiene directamente sobre la zona infartada.
Así, desarrollaron el PeriCord, un bioimplante formado por pericardio humano descelularizado y enriquecido con células madre mesenquimales procedentes de cordón umbilical en colaboración con el Banco de Sangre y Tejidos de Barcelona (BST). Los investigadores lo bautizaron con el nombre de PeriCord, en honor a los dos componentes que lo forman: el pericardio y el cordón umbilical, y es un producto de ingeniería de tejidos.
El PeriCord está constituido por una membrana que procede de pericardio de un donante de tejidos que el BST ha descelularizado y liofilizado. Después, fue recelularizada con estas células madre de cordón umbilical. Una vez en el quirófano, los cirujanos fijan el bioimplante generado en el laboratorio en la zona del corazón afectada del paciente, recubriendo la cicatriz que había dejado el infarto.
A finales de 2018 se logró la aprobación definitiva del PeriCord para el uso humano por parte de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) y la primera intervención de esta nueva terapia se realizó en 2019 dentro de un ensayo clínico llamado Periscope para demostrar su seguridad.
El medicamento se elabora en las salas blancas de terapia avanzada del BST, y se implanta en los quirófanos del Hospital Germans Trias. En el estudio se han incluido 12 pacientes candidatos a bypass coronario, de los cuales 7 se han tratado con bioimplantes y 5 sin, para comparar los resultados con un seguimiento a largo plazo de 3 años. Los pacientes incluidos en la terapia son personas que han sufrido un infarto y tienen una calidad y esperanza de vida reducidas y se aplica el PeriCord aprovechando la intervención de bypass coronario.
Declaraciones del Dr. Antoni Bayés, investigador del grupo ICREC y primer autor del artículo:
«Este ensayo clínico pionero en humanos llega después de muchos años de investigación en ingeniería de tejidos, representando un tratamiento muy innovador para los pacientes que tienen una cicatriz en el corazón como resultado de haber sufrido un infarto» refiriéndose al PeriCord. Es muy satisfactorio pensar que «gracias a los donantes, aportamos una nueva herramienta terapéutica que puede mejorar la calidad de vida del paciente», añade. «Ha sido un largo camino desde las primeras pruebas preclínicas», explica Bayés.
El estudio fase I ha demostrado la seguridad de este nuevo medicamento en el marco del infarto de miocardio. Además, se ha visto que es un medicamento con una excelente biocompatibilidad, minimizando radicalmente el riesgo de desecho y garantizando que el cuerpo lo tolera perfectamente. Por otro lado, se han observado unas propiedades antiinflamatorias, que abren la puerta a aplicaciones más amplias en patologías donde existe inflamación.